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La madurez poética de Adriana Bañares

La madurez poética de Adriana Bañares

Fuera de círculos onanistas, fuera de bares, librerías y demás centros culturales, el nombre de Adriana Bañares empieza a asentarse en el panorama actual de nuestro país como lo que está mereciendo ser gracias a su esfuerzo: una, aún jovencísima, poeta que si sabe seguir cuidando sus textos (como lo ha hecho en este poemario) y ,sobre todo, si sigue ampliando las miras en sus lecturas, terminará pisando con seguridad, irá abandonando, como parece lo está consiguiendo, la etiqueta de promesa. Es un consejo que me permito darle y espero me lo acepte.

He tenido la suerte de conocer a esta joven riojana en persona y coincidir con ella en alguna lectura. Es más, la conozco desde casi sus primeros pasos como escritora, creo haber leído todo o casi todo lo que ha escrito y ha decidido publicar, y creo, nuevamente, que tengo los mimbres y la perspectiva adecuada para hablar de ella y sobre todo de su reciente trabajo “Ave que no vuela muere”, con Ediciones Oblicuas e incluido en la Colección Alejandría.

Todos los textos del libro se articulan entorno a cuatro partes: Reposo, Hielo, Compresión y Elevación. El conocido método RICE para tratar todas las heridas: Reposo, Ice (hielo), Compresión y Elevación.

Adriana maneja una prosa poética minuciosa, cargada de descripciones y una madurez insólita que aleja bastante, bajo mi humilde punto de vista, este poemario de los suyos restantes. Gusta de cerrar los poemas de una manera directa y sin concesiones, cosa que al que redacta esta reseña le parece un acierto.

Todos los poemas, autobiográficos, añoran lo que pudo ser y no fue. Una nostalgia hacia su cercana juventud que siente no haberla vivido como le hubiera gustado y sí como le han dejado.

El amor, tema universal igual que el desamor, muy presente en contínuas relaciones que no avanzan, en hombres que la abandonan y la usan como estación de paso o como sirena varada a cualquier puerto.

Son textos donde por fin logra verter un aprendizaje de libros anteriores propios, tanto en aciertos como en errores. Un ejemplo muy claro de buen poema es “Miniaturas” de la II parte titulada Hielo, o “La araña que se queda en mi habitación” de la III parte titulada Compresión. Poemas en los que Adriana nos está dejando ver lo que puede llegar a hacer si el futuro no tan lejano la respeta. Me reitero. Una prosa lírica con imágenes a priori sencillas pero plenas de emotividad.

La figura masculina es muy relevante en su libro y en su propia vida. Una ausencia constante de un `él ´. Un deseo no alcanzado pese a sus esfuerzos. Quizá esfuerzos inútiles por sus miedos y complejos que ofrece con humildad al lector en poemas como “Bajo consumo” o “As de guía por conexión”, en donde con rotundidad afirma tener un concepto de sí misma de mujer débil y frágil emocionalmente.

En definitiva, se trata de una obra cruel armada de realidad en donde parece no haber atisbo de esperanza por mucho que uno se lo plantee. Lean el poema “Paraíso” sí no me creen.

Y es que AVE QUE NO VUELA, AVE que no sabe huir a tiempo, que se queda a ras de suelo, MUERE.

Foto: Agustín Gutiérrez Minuesa

 

Les dejo uno de los poemas para que vayan abriendo boca:

 

II.

Hoy regreso sola a casa. Nadie ha querido bailar conmigo ni matarse por mí.

Los golpes son siempre para quien los provoca y yo

no he sabido nunca mirar fijamente.

Escribo hoy como quien toca el piano, pero he olvidado las notas.

Noto un frío leve entre los labios. Un frío líquido como si toda yo

muy dentro 

estuviera helada. Y esta sangre

que es mía porque yo la he provocado

mana de una lengua muerta mordida por los celos.

Pero este golpe y esta muerte son sólo culpa mía.

Al margen con los ojos cerrados, sobre una tierra abierta que nada tiene que ver conmigo

me oculto. 

Esta que tienes bajo tu cuerpo no es a quien deseas. Lo digo despacio y en silencio

como una oración profana. Como quien invoca a Dios en un orgasmo. Esta que tienes a tu lado

no es a quien deseas.

He vuelto sola a casa porque nadie bailaría con un cadáver. 

En el entarimado, oculta bajo un foco, ella se mueve sin gracia. El movimiento lo pone el vino

sobre la barra, tus ojos y los de tu contrincante. Desafío ebrio por la carne

o por una fantasía irrealizable.

Y yo, que lo daría todo por ti sin ser capaz de decirte

he sido capaz de amar así antes sin tanto daño,

me derramo sobre un colchón que huele a tierra y desaparezco

este escenario vacío que es mi rostro

que es nuestro abrazo pensándonos como desconocidos

este deseo mío por ser esa otra a quien quisieras conocer

 

es la única huella que podrá dejarnos este amor.

Dirección, montaje, producción, arte y confección: Patty de Frutos.

Rodado en Casa Deliciosa.

 

Ángel Muñoz Rodríguez