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Lluvia constante

Lluvia constante

Con un estreno tan espectacular como el que tuvo el año pasado “Lluvia constante” en los Teatros del Canal era impensable que no volviera a las tablas para que pudiéramos disfrutarla muchos de los que nos quedamos con las ganas el pasado 2015. Y ahí está “Lluvia constante”, éxito de público y crítica retorna a Madrid, esta vez al Teatro Bellas Artes, hasta el 14 de febrero para poner los pelos de punta a todos aquellos que quieran disfrutar de un buen thriller policíaco.

La historia, escrita por Keith Huff, guionista de “Mad Men” y “House of Cards” entre otras, ha sido adaptada a nuestra realidad y circunstancias por David Serrano, que ya ha tenido éxitos teatrales como “Hoy no me puedo levantar” (2005), “La venus de las pieles” (2014) o “Buena Gente” (2015). En su versión americana la protagonizaron dos actores de carácter, Daniel Craig y Hugh Jackman. En la versión española los actores elegidos han sido Roberto Álamo y Sergio Peris-Mencheta.

La obra transcurre en una escenografía sencilla y versátil (obra de Elisa Sanz) que, reducida a la mínima expresión, se transforma en los diferentes escenarios en los que se desarrolla la acción gracias a un gran trabajo de iluminación (realizada por Juan Gómez Cornejo) que permite a los actores desenvolverse cómodamente en un escenario en el que ellos son el eje, el corazón y el elemento dinamizador de todo lo que allí sucede.

Rodo (Sergio Peris-Mencheta) y Dani (Roberto Álamo) son dos amigos de la infancia que se han convertido en policías que han caído en desgracia en la comisaría en la que trabajan.  Allí van a tener que enfrentarse a sus propios problemas personales y las consecuencias de los mismos, que desencadenan una serie de acontecimientos que van a cambiar sus vidas para siempre. Durante la obra los actores hablan con el público, rompiendo esa barrera invisible que separa el escenario del patio de butacas, y así vemos cómo cada uno ofrece su visión acerca de la amistad, la lealtad, la familia y la escala de valores que debe regir su vida mientras tienen como telón de fondo la lluvia, una lluvia constante que a veces difumina la realidad, que a veces confunde a los protagonistas y que, al final de la obra, se convierte en un elemento purificador al dejar de caer, ya que se lleva todo el horror vivido y ofrecie esperanza a aquellos que permanecen después del desastre.

Ver a Peris-Mencheta y Álamo codo a codo en el escenario es tener delante una máquina de precisión en la que ningún movimiento ni palabra desentona. La química que tienen entre ambos y la fuerza de sus actuaciones queda patente desde que aparecen en escena,  tanto por el esfuerzo físico como por el emocional que desarrollan durante toda la obra. Una imagina el agotamiento con el que deben de acabar ambos al finalizar la función y no le extraña que al terminar la misma les cueste salir de su papel para saludar al público. Perfectos ambos en sus papeles, prefiero a Peris-Mencheta quizá porque no le había visto hasta ahora en papeles extremos mientras que el registro de  Álamo me es más habitual en este tipo de personajes (recuerdo “Urtain”, “Hamelin”, “Un tranvía llamado deseo”)  y quizá por eso ya no me sorprende ni me impacta tanto como lo haría de haberlo visto por primera vez.

Lo que sí tengo claro es que “Lluvia constante” es un montaje de los que no se olvida y que recomiendo ver sin duda.

 

Por @rosypunto